Luchar por una entrada

24 01 2008

Algunos varones y mujeres fueron rescatados por los bomberos desde el techo de las boleterías. Otros fueron atendidos por la emergencia médica en el suelo con máscaras de oxigeno. Estaban desmayados y golpeados. Una mujer, junto a su hijo huyó despavorida entre la avalancha humana perdiendo las zapatillas y algo de ropa. Un grupo de jóvenes quedó semi desnudo porque les arrancaron las remeras.

La policía no podía contener el desorden, mientras los médicos recibían más pedidos de ayuda por gente con principios de asfixia. El ulular histérico de las sirenas alteró los nervios y comenzaron más corridas. Ante el caos, algunos uniformados llegaron al lugar a caballo, con cascos, escudos y bastones. Los disparos al aire de la infantería convivían con los gritos de desesperación y bronca.

No es el relato de la noche negra en que se incendio Cromañón.  Es una muchedumbre de argentinos que se levantó muy temprano, algunos dicen que a la 5 de la mañana (hora argentina, menos en el feudo puntano de los Saá), a comprar una entrada para ver un partido de fútbol, bautizado como el “superclásico”. Casi termina en tragedia.

Días antes, uno de los jugadores, al que apodan “el burrito”, prometió que su equipo pasaría por encima a su rival. Un jueves 24 de enero, argentinos pisotearon a otros argentinos, en busca de un ticket que les permita disfrutar de un espectáculo. La violencia y la sinrazón parecen no tener vacaciones.


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